Dicen que es una montaña mágica. Me refiero al monte Arabí, el lugar por donde he comenzado este nuevo viaje, por el territorio de la Ruta del Vino de Yecla. Esta sierra está a unos veinte kilómetros al noreste de la ciudad, en la comarcar del Altiplano, lindando ya con la provincia de Albacete. A mí sí me lo parece, sí, pero por motivos distintos a los de los avistamientos de ovnis y otros esoterismos. Esa magia empieza ya en la misma base, con las viñas viejas de Monastrell que todavía crecen aquí. He quedado en unas horas con Juan Pedro Castaño para visitarlas, pero ahora, de buena mañana, antes de que apriete el sol (o se ponga a llover, que las últimas semanas de esta primavera están así de revueltas) voy a recorrer una parte del monte.
Fotos: OCA/ Varios
Empiezo por algunos de los yacimientos arqueológicos que guarda y que, en este caso, claro,
La interpretación de otro de los rincones más conocidos del monte Arabí es más fácil, al menos de manera general. Hablo de la cueva de La Horadada, una enorme caverna abierta por la parte superior y por uno de sus flancos. Aquí el espectáculo lo da la geología y este relieve kárstico que hace millones de años estuvo en el lecho marino. El hecho de ser una montaña de roca caliza hace que el Arabí esté plagado de cavidades, agujeros y brechas que dispararon la imaginación de las gentes a lo largo de la historia, situando en ellos tesoros escondidos por misteriosos caballeros. A la vista, desde luego, hay uno: el paisaje. Desde aquí se tiene una panorámica perfecta y vemos cómo alrededor de Yecla se extiende una enorme zona de llanura rodeada de sierras: la del Carche, la de Salinas, la del Buey y las ramblas de las Tobarrillas. Los pasos entre unas y ot
Vinos y aceites
Vuelvo a los pies del Arabí, donde ya me está esperando Juan Pedro Castaño, uno de los tres hermanos de Bodegas Castaño, junto a la vieja viña de Monastrell que decidieron comprar al enterarse de que iba a ser arrancada. “La capa de suelo es muy pequeña”, me explica, cogiendo un puñado de la tierra blanca calcárea; “en seguida está la roca y a la raíz le cuesta profundizar”. Pero eso, junto a la edad del viñedo y la altitud, hacen que de aquí salga una uva excelente. Yecla tiene dos zonas bien diferenciadas en cuanto a clima, terreno y altitud: Camp
Ellos fueron de los primeros en dar un giro al concepto que se tenía de la Monastrell que,
De aceite, precisamente, también saben en Yecla los Ortega. Y de oleoturismo. Y, ¿quiénes son los Ortega? Pues Marcelo, Rafaela y su hija Marta. Deortegas es el nombre de la almazara que Marcelo y Rafaela fundaron hace trece años y donde, bajo el cultivo ecológico, elaboran aceites de oliva Virgen Extra que se cuentan entre los mejores. Desde casi el principio pusieron en marcha las catas, que antes hacían en su propia casa pero ahora han construido una sala especial para las visitas y las actividades, que es una maravilla, por la sencillez del diseño y por los amplios ventanales que permiten que la vista se recree
Aquí se hacen las catas y en los olivares una de sus actividades estrella: el Yoga entre olivos, en la que, tras la sesión, en plena naturaleza, se degustan los cinco tipos de aceites que elaboran con las variedades: Picual, Arbequina, Cornicabra, Hojiblanca y Frantoio.
En La Purísima también elaboran los dos productos, vino y aceite. Es la cooperativa que se fundó en 1946 y que logró la obtención de la Denominación de Origen que, por cierto, es la única en España cuyo territorio se circunscribe al de un solo municipio. Siempre fue una bodega con una filosofía moderna y eso se nota también hoy no solo en la concepción de sus vinos sino en otras facetas como su apuesta clara por el enoturismo. Sus visitas son de lo más didácticas y los espacios diseñados para acoger a los visitantes atractivos como pocos. En el antiguo espacio del despacho está hoy la tienda, pero también se mantiene la tradición del servicio a granel. De hecho, lo que más llama la atención es la pared donde es
Aprovecha el momento
En Yecla hay un halo disfrutón, un espíritu carpedieminiano (si se me permite el palabro) que yo creo que tiene bastante que ver con el mundo del vino que aquí impregna prácticamente todo, y, junto a él, el resto del universo gastronómico. En la visita a Bodegas Barahonda casi se palpa: el recorrido por las instalaciones tiene espíritu hedonista, incluso las salas de depósitos de acero. Y luego está la terraza que se despliega en el gran hall exterior, rodeado de viñedo, y el restaurante de la planta superior.
La de Barahonda es una cocina moderna, con bastantes juegos sensoriales pero donde el gusto
Aunque nació en Monóvar (Alicante), José Martínez Ruiz, pasó varios años en Yecla, de donde era su padre. Por diferentes lugares de la ciudad encontramos unos azulejos de cerámica que reproducen parte de su obra en la que habla de la ciudad. Esta Ruta Azorín es una
El deambular por las calles yeclanas también nos llevará hasta la Basílica de la Purísima Concepción, una iglesia de dimensiones colosales cuyas bóvedas están decoradas con luminosas y sorprendentes pinturas murales; el Teatro Concha Segura, un inesperado teatro a la italiana, con los dorados y terciopelos rojos pertienentes; y el yacimiento arqueológico Hisn Yakka, en el Cerro del Castillo, la fortaleza de la época islámica de donde deriva el nombre de Yecla. En este Cerro del Castillo, además, podemos seguir un recorrido por pasarelas de madera que ofrece unas vistas únicas de la ciudad.
No te lo pierdas
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El segundo es el bar La Bodega, toda una institución, al estilo de los mesones y las tascas madrileñas, de donde Antonio (que estudió enología en Madrid y luego fue veedor en el CRDO) tomó la idea para transformar una antigua bodega subterránea de finales del siglo XIX en un restaurante informal con barra de cocteles y vinos de Yecla de calidad. Se abrió a finales de los setenta y pronto se convirtió en el l
Y en tercer lugar, La Zaranda, otro de los bares míticos de Yecla que todo el que venía de fuera conocía y preguntaba por él, en una época en la que no había ni Internet ni redes sociales, ojo. La Zaranda era otra bodega reconvertida en bar en la que se reunían los personajes más curiosos de la ciudad, donde conviví
La Zaranda ha cambiado, claro, pero Jorge posee el mismo espíritu gamberro y algo iconoclasta de los antiguos dueños (iba con él o lo cogió en Inglaterra, desde donde se vino para reabrir el bar). También el carácter acogedor, por lo que parece ser la persona ideal para continuar con La Zaranda. Su propuesta mezcla los platos murcianos con la tradición asiática… y está gustando. Los vinos, eso sí, solo de Yecla, como toca y como manda la tradición en esta cantina.
Libricos de Yecla
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