La familia Rosell casi 100 años atrás transformó un antiguo despacho de vinos a granel en la taberna que conocemos hoy en día, con su fachada que muestra un mosaico publicitario del vino de Valdepeñas, hecho de azulejos de Talavera, seña de identidad de las bodegas de finales del siglo XIX. Su fachada es un monumento a esos coloridos azulejos que en un tiempo fueron santo y seña de la decoración bodeguera madrileña, son de principios de siglo XX pintados por Alfonso Romero Mesa, pintor sevillano que representó la edad de oro de la historia de la azulejería urbana en Madrid, donde también pintó los retablos de la plaza de Toros de las Ventas y la fachada del Villa Rosa, entre otros.
Pocos bares pueden presumir de una carta de vinos de un gran nivel, con más de 200 referencias que abarcan desde las denominaciones españolas más ignotas hasta las más populares.
Los precios son asequibles y el servicio del vino está a la altura: cristalería de calidad, perfecta temperatura de cada botella y atención personalizada. En suma, un bullicioso e imprescindible punto de encuentro sobre el mundo del vino.
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